EL MITO DE LA DOBLE SERPIENTE

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La mujer libre
Existe una relación entre la mujer libre (sea Lilith, sean las sirenas, las amazonas o las hetairas) y sus formas animales (lo sensual, pero sobre todo sensorial). Ya a Lilith –primera esposa de Adán– se le asocia con serpientes y aves nocturnas. “¿Porqué he de yacer debajo de ti? –le preguntaba a su esposo– Yo también fui hecha con polvo y por tanto, soy tu igual”. El nombre Lilith proviene del vocablo asirio-babilónico lilitu, “demonio femenino” o “espíritu del viento”. Del hebreo derivó de layit, “noche”. Ave nocturna que renuncia al huevo paradisiaco y rasga su membrana para devenir látigo serpentino sobre el desierto. “Entre sus raíces, la serpiente que no conoce reposo había situado su nido; en su copa, el pájaro de la Tempestad había colocado a su cría”, reza el Poema de Gilgamesh. “En el centro –sigue diciendo el verso– Lillake [es decir Lilith] construyó su casa”. Había huido hacia el mar Rojo, región que abundaba en demonios. También Borges en su Libro de los seres imaginarios dice de Lilith que “era una serpiente”.

Las serpientes
De las serpientes no es el veneno lo que interesa ahora, sino dos elementos complementarios que las definen: sus curvas y sus fundas. Las curvas configuran la forma de las fundas. O las fundas son túneles para las curvas. Pero, me explico: La piel se ciñe a las formas vivas y adopta sus estructuras. Las pieles se mueven, exudan y respiran animadas y avivadas por su interior. La ilusión de la muda en las serpientes es un acto sensual por completo. De la libertad de movimiento que les permite su cuerpo se desprende rítmicamente una piel que enfundaba otra piel. ¿No es eso el acto más sensual del alma? ¿No es acaso –y al mismo tiempo– una rebeldía y una revelación, una manifestación de libertad? ¿No es su movimiento una pelea contra un dios castigador? Es el espíritu del viento lo que moldea las banderas, sean de paz o sean de guerra. El viento es la curva, la tela es su funda.

El mito
Una mujer muestra sus piernas revestidas de membranas: Dos serpientes que se entrelazan, se tocan y se separan. Vistas en orden inverso: Se encuentran, se tocan, se entrelazan. Ha surgido el mito que dice que su funda es de seda y sus escamas rasgan con luces sus curvas. Es el demonio femenino que nos tienta con su veneno de fruto prohibido. Mitad mujer, mitad doble serpiente sin reposo. Sus pieles externas, a pesar de su artificio, se han ceñido a sus piernas como alegoría serpentina que se constituye en cuerpo, se rasga, y se muda. ¿No son entonces una imitación de la naturaleza y de su libertad, y de toda su sensualidad rebelde, sus piernas tramadas que se tocan, se entrelazan y se separan? Después, más tarde, mudarán su cáscara externa en un íntimo, pero imaginable, nido.

La mujer enreda sus sierpes enfundadas en escamas que no muestran su desnudez completa, sino que juegan a revelar el misterio de la muda mediante la revelación de la forma y el movimiento íntimo. Ahí la mujer promete, invita y a la vez desafía las imposiciones patriarcales del paraíso adánico. Se ha vestido de tentación.

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Texto / Foto: Benjamín García Pérez

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