Birdman: retratando un Broadway infame

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Ilustración: Peter Strain

Seré sincero pero cuando escuché por primera vez de la película de “Birdman o la virtud inesperada de la ignorancia” yo creía que Alejandro González Iñárritu (1963) había perdido la cabeza y había hecho una película sobre aquella caricatura ochentera de Hanna-Barbera del superhéroe alado cuyo jefe era Halcón-7 y su mascota un águila “Vengador”.

Resulta que estaba equivocado, Birdman no es sobre el personaje de la caricatura, sino sobre el personaje de comic que sacó tres blockbusters, hasta ahí la relación con el mundo de los superhéroes. El resto  de la cinta nos muestra el mundo subterráneo de las producciones teatrales de Broadway, en donde la buena o mal crítica de un reconocido periodista es todo lo que se necesita para justificar desvelos, problemas económicos, envidias y demás sentimientos.

Riggan Thompson (Michael Keaton),  es actor que halló la fama interpretando al superhéroe de “Birdman” y decide no querer ser encasillado en ese personaje épico rechazando así la cuarta parte de la saga (que se supone fue la más exitosa). Se embarca ahora en la verdadera aventura de representar en Broadway la historia corta de Raymond Carver (1938-1988) “What We Talk About When We Talk About Love”. Añadido a esto Riggan sostiene un diálogo interno con su alter ego “Birdman”, además de poseer poderes como levitación y telequinesis.

Para que la producción sea un éxito, Thomson cuenta entre sus aliados a su amigo abogado Jake (Zach Galifianakis), su novia Laura (Risenborough), la actriz primeriza en Broadway Lesley (Naomi Watts) y su hija ex-drogadicta que además es su agente (Emma Stone).

Birdman retrata un Broadway de infame competitividad, que no es la fábrica de sueños glamurosa que nos muestra el musical (1975) y película (1985) “A Chorus Line”. Aquí ni el amor ni la amistad siquiera compiten con la fama y la fortuna que proporciona tan selecto ambiente, nadie es “amiguis” de nadie. En este caso la soledad del actor promedio en Broadway es  aplastante y se llevan a cabo traiciones que no se olvidan fácilmente, perfidias que dan al traste con carreras enteras y deslealtades que le amargan a uno la vida… así como en Nueva York “la ciudad que no duerme” como dijera Ol’ Blue Eyes aka Frank Sinatra.

Según Emmanuel Lubezki, la filmación de la cámara y la edición se hizo de tal manera que el largometraje resulta una toma larga continua, una idea original de Iñárritu a pesar de que varias y muy importantes personalidades del medio cinematográfico le advirtieron que no escribiera ni filmara así su película. Otra cosa digna de mención es el soundtrack, el cual no es más que una serie de improvisaciones del baterista de jazz Antonio Sánchez (1971) que une piezas de música clásica de compositores como Ravel, Rachmaninoff, Mahler y Tchaikovsky. Por desgracia éste fue descalificado por los Premios de la Academia como mejor música original al considerarlo no lineal y completamente espontáneo en su creación.

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La película es una reflexión a la sociedad artística estadounidense de este valiente siglo XXI, cuyo grado de competitividad y por ende, consumismo es tal que la mayoría nunca está satisfecha con sus logros en la vida, ya que cada vez quiere más y más y se vuelve una especie de adicción. Es un tour por la panza subterránea del mundo teatral en donde todo el mundo se mueve por largos pasillos entre bambalinas para llegar a grandes escenarios, dándonos un sentido de claustrofobia gracias al efecto de toma larga; una analogía a las catacumbas romanas y el Circo Romano en por donde los primeros cristianos recorrían las mismas extensiones para ser asesinados por los gladiadores o devorados por las fieras.

Birdman también es una lucha entre las dos personalidades de Thompson: La personalidad más o menos equilibrada y llamémosle “normal” del actor que lucha a brazo partido por no encasillarse en un superhéroe hollywoodense para dejar como legado una verdadera obra de arte y la otra, la del personaje de ficción, arrogante y lépero que no deja de recordarle que él está en su poder y que no tiene escapatoria. Al final, el protagonista está en el otoño de su vida con una crisis emocional y económica que lo pone al límite de sus fuerzas y causa que  ponga todas sus esperanzas puestas en que la gente lo recuerde, que lo quiera todo mundo como lo estipula un poema de Carver que está escrito en su tumba de Ocean View Cementery Port Angeles, Washington y que irónicamente es lo primero que vemos del largometraje: 

LATE FRAGMENT

And did you get what

you wanted from this life, even so?

I did.

And what did you want?

To call myself beloved, to feel myself

beloved on the earth.

Y, seamos sinceros, ¿quién no quiere eso al final de su vida?

Por Gerardo De la Garza V.

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