Viajes, drogas y revueltas: Selección de abril

FILME ABRIL

Para la mitad del mes de abril, el equipo de F.I.L.M.E. propone algunas recomendaciones para no perderse en la cartelera. Por un lado tenemos a tres películas seleccionadas de un evento tradicional y esperado en la Ciudad de México: la Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional; por otro lado tenemos uno de los estrenos más importantes de cine norteamericano que finalmente llega a las salas mexicanas. Todos los filmes contienen un estilo –ya sea a nivel de influencias o del resultado final– que no dejará insatisfecho a nadie.

‘Xenia’ | Panos H. Koutras

En su más reciente largometraje, Xenia (2014), el director Panos H. Koutras expresa en los personajes, Dany (Kostas Nikouli) y Odysseas (Nikos Gelia), su admiración por la moda, la cultura pop y los reality shows, resultado de su fascinación por la herencia de Andy Warhol y John Waters. El realizador de origen griego, a su vez, reivindica aquí la tradición del New queer cinema.

Xenia es el único lugar donde Dany y Ody —hermanos huérfanos descendientes de albanos— se sienten en casa, se trata de un hotel abandonado que lleva ese nombre, al que han llegado después de que su madre muere y se ven obligados a optar por la siguiente opción: que su padre, acomodado y legal, los reconozca como hijos legítimos en Grecia.

En la búsqueda, las secuencias oníricas de Dany recuerdan el cine de Xavier Dolan y el musical eterno de Ody al de Pedro Almodóvar, precisamente en Los amantes pasajeros (2013).

Koutras a partir de la selección de actores no profesionales para Xenia, con las mismas características apátridas de los personajes a los que encarnan, construye a estos de tal suerte que su trabajo en escena hace manifiesta la homofobia y xenofobia en aquel país; aborda además la infancia que se quiere dejar atrás a través de los colores que utilizan, aunque sí recurre a la estereotipación. Si bien el guion no es lo más logrado, sí alcanza esbozar una línea argumental seguida ya desde su trabajo en Strella (2009).

‘Hagen y yo’ | Kornél Mundruczó

Las calles desiertas de Budapest son el escenario, la mezcla de géneros su estilo. De un melodrama a una película de terror, Hagen y yo repara en la tolerancia y la falta de ella, para seguir el amor que Lili, la protagonista, siente por Hagen –su extraordinario perro– en una sociedad que destruye la quietud antigua entre ideas y una única naturaleza.

Del drama familiar, al apantallante bloque de secuencias de terror y venganza, el tono probablemente sea la principal debilidad de la película. Pero, ¿a quién le importa? No estamos ante un Cujo elaborado por Stephen King, sino ante un Hagen filmado por Kornél Mundruczó. Sobrarán los símiles para encontrar animales como actores de sus instintos: en George Orwell, James Herbert, Franklin Schaffner, Samuel Fuller, pero sin llegar al grado de un Alfred Hitchcock.

La inspiración de este largometraje es el capítulo 11 de la novela Desgracia (1999), donde pone nuevos rostros a las intenciones que Coetzee describe en la historia de David Lurie y su hija Lucy. El mencionado capítulo es capital, en él encontramos una masacre desde donde aparece la violencia de la peor de las pesadillas: la humana.

La ley estatal que impone una cuota a los perros de razas no puras es inapelable, a partir de ahí se produce la intolerancia, la exclusión y la revuelta. De forma simbólica o inconsciente, Hagen y yo colorea un carmín que recorre nuestras venas al ritmo de la Rapsodia Húngara de Franz Liszt.

‘Sombra Blanca’ | Noaz Deshe

Aquí tenemos a un filme coproducido en Tanzania, Italia y Alemania, dirigido por un realizador (también músico, compositor y artista visual) de raíces israelitas, Noaz Deshe,  producido por el célebre actor norteamericano Ryan Gosling, con un argumento que se desarrolla en Nigeria a partir de la interpretación de no-actores. El resultado es una obra poderosa, que posee dentro de sí misma una contradicción digna de las mejores piezas de arte y es que se trata de una película brutal pero al mismo tiempo de una belleza inusual.

Los escapes que Alias (el joven Hamisi Bazili) emprende para sobrevivir, al tener un precio sobre su cabeza, son el motor de un filme que explora las supersticiones más agresivas y la violencia que se vive cuando uno da cuenta de su carácter de ‘otro’.

Ser albino en el África oriental es cargar una sentencia de muerte en la espalda.

La música de James Masson acompaña las imágenes que Armin Dierolf y Nassos Chatzopoulos (al lado del director, detrás de la cámara) consiguen en dos aspectos: la paleta de color aparece tan impresionante como emotiva, con puntos de luz por doquier y negros absolutos que nos sugieren una violencia intragable; el movimiento del cuadro es radical, el punto de vista no es en primera persona sin embargo siempre observamos a través de los ojos del protagonista, siempre alerta, siempre en movimiento, en constante agitación. Así el vértigo está siempre presente con una imagen que (literalmente) nos sacude todo el tiempo.

La cacería de albinos en aquellas tierras lejanas es lo que nos narra Deshe, que además de ser una situación preocupante y representarse como tal, se ve en la película con un fuerte grado de poética. Con Sombra blanca (ganadora del León del futuro, en el festival de Venecia 2013) encontramos con una mezcla de denuncia internacional de estilización a la videoclip de Mathew Barney y también de magia tradicional.

‘Vicio Propio’ | Paul Thomas Anderson

En el cine estadounidense contemporáneo se ha vuelto moneda corriente el hecho de ser políticamente correcto, de tener incluso un discurso pro-estado progresista (encarnado por el presidente de raíces africanas, Barack Obama) y dejar de cuestionar la estabilidad de la nación más poderosa (¿todavía?) del mundo. Uno de los pocos directores que no se ha alineado a esta corriente es Paul Thomas Anderson, quien sí pone el dedo en la llaga del sinsentido y con un toque deliciosamente posmoderno, retrata los recientes síndromes de Norteamérica, sin ningún empacho, a través de un relato “de época”.

Anderson con su nuevo actor fetiche, Joaquin Phoenix, cuenta una jocosa fábula que se sitúa en los años 70, donde un detective hippie irá en busca de una vieja novia, caso que destapará múltiples cloacas de la vida gringa del momento, que es bastante similar a la de hoy en día.

Nazis, adictos, clínicas new age, informantes, policías casi fascistas, multimillonarios, servicios sexuales y más, todo aderezado con el score del mismísimo Johnny Greenwood, se dan cita en una aventura de misteriosos alcances que el mismo protagonista no alcanzará a comprender.

El sueño pacifista del verano del amor quedó atrás y la ola chocó de lleno contra un cinismo psicodélico, al mismo tiempo que se enfrenta con una doble moral muy típica del estadounidense promedio. P.T. Anderson, heredero de algunas maneras kubrickianas, trae a los ojos del siglo XXI un granulado de imagen al filmar en 35mm, apropiándose así de una estética setentera más por una postura política que por un mero capricho romántico. La gran ignorada de los óscares 2015 es una de las películas más importantes producida en Hollywood el año pasado.

F.I.L.M.E. Mag

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