F.I.L.M.E: Cinefilia de junio

La (mexicana) internacional: Las Elegidas. | David Pablos (2015)

En nuestra cobertura del Festival de Cannes pudimos ver el segundo largometraje que realiza el joven David Pablos, quien ya había demostrado tener un gran ojo con su La vida después (2013). Ahora el mexicano ha saltado el Atlántico y participó, con excelente recepción, en la sección Una Cierta Mirada. Rodada en Tijuana e inspirada por un texto del escritor Jorge Volpi, la película aborda el tema sensible de la prostitución y de la violencia perpetrada hacia las mujeres. La temática sórdida, escalofriante y de profunda indignación detona una serie de reflexiones en torno al papel de que tenemos como ciudadanos en esta sociedad. Densa y real, Las Elegidas  (2015) se posiciona en la categoría de películas que no se olvidarán facilmente.

Sofía (Nancy Talamantes), una joven adolescente de 14 años, se ve forzada a ingresar a una casa de blancas, cuyos propietarios son el padre y el hermano de su novio, Ulisses (Oscar Torres). A pesar de las promesas de ayuda que le promete Ulisses, Sofía padece de la violencia de sus “chulos”. Desviada, Sofía conoce a un hombre que le ayuda a escaparse, en vano.

La (internacional) importada: La sal de la Tierra | Wim Wenders y Juliano Ribeiro (2014)

Hay en La sal de la tierra un candor que emociona: el acercamiento del hijo al padre, y sin embargo, el drama de la imagen fija en tiempos de imágenes trepidantes mantiene en movimiento nervioso al espectador, que cuando menos se da cuenta que vio un filme cuyo propósito es hilar una serie de retratos que traducen la vida de quien los capturó, y entender la vida misma de un mundo esperanzado pero en perpetua autodestrucción.

Se trata de un fotógrafo fotografiando a otro fotógrafo. El reflejo de las miradas mirando forman una matrioska conceptual que se extiende hasta el espectador. Aún con tantos grados de separación entre los sujetos fotografiados por el célebre Sebastiao Salgado y las cámaras de Juliano y Wenders, nos damos cuenta de que nos encontramos por entero en un mismo universo, y de la sorprendente conexión emocional que compartimos con esos seres inmóviles a blanco y negro. Nos indignamos con las injusticias de las que Salgado fue testigo, comprendiendo e incluso experimentando al menos un poco del sufrimiento que las imágenes nos transmiten al ver los frágiles cuerpos de la población de Ruanda debido a las condiciones infrahumanas en las que fueron obligados a salir de su hogar. Y de la misma forma vemos la esperanza en los rostros de aquellas criaturas y los paisajes de los más remotos rincones de la tierra fotografiados por los que vale la pena seguir luchando. Wenders comprende la fuerza de las imágenes pues ha dedicado a ello su vida, y es así como logra llevar a la pantalla una historia cargada de emoción, y no hay manera de que deje un público indiferente.

La internacional (que no llega): Ex Machina | Alex Garland (2015)

Ex Machina  es el primer largometraje del británico Alex Garland –quien es a la vez novelista, guionista, productor cinematográfico y ahora director–, filme que nos cuenta la historia de Caleb Smith (Domhnall Gleeson), un programador informático que trabaja para la compañía Bluebook, una especie de parodia de Google, quien en un aparente golpe de suerte es seleccionado como ganador para visitar al genio detrás de la compañía para la que labora: Nathan Bateman (Oscar Isaac). Éste es un homenaje al Eldon Tyrell de Blade Runner, moderno y excéntrico, que vive como ermitaño en su mansión de diseño futurista en contraste con la naturaleza que lo rodea y que tiene un gigantesco invento en la palma de su mano: inteligencia artificial en un ser denominado Ava.

El triángulo entre Caleb, Ava y Nathan se conecta con el mito griego de Prometeo, donde el dios supremo (Nathan) posee la llama del conocimiento (Ava) y Prometeo (Caleb) la roba para entregársela a los mortales no sin recibir el castigo por dicha falta. En el filme, Caleb es un títere del dios Nathan, quien busca perfeccionar su invento sacando provecho de la interacción entre su huésped y Ava, algo inquietante que se torna en un juego perverso.

La centenaria (para ver en casa): Mr. Arkadin | Orson Welles (1955)

Mr. Arkadin de Orson Welles –quien cumplió 100 años el pasado 6 de mayo– es un proyecto que la ambición del mismo productor, su amigo personal, Louis Dolivet, bifurcó y sin querer transformó en varias versiones de la película. Welles, acostumbrado a que eso pasara con sus filmes (para entonces, desde Kane no había podido terminar/redondear una película, y no lo logrará sino hasta Campanadas a medianoche, en 1965) sufrió otro descalabro y siguió adelante. Sin embargo, vale la pena reconocer que este descalabro fue intenso, ya que se trataba de su amigo y viejo mentor político el que lo despojó de una de las películas más ambiciosas de la posguerra, una película que anticipaba la acción transmigrante de James Bond, pero también combinaba los esfuerzos de producción, haciendo que cada país se involucrara económicamente con el paso del filme. Que, al final, fue parte de su “desgracia”, pues a cada país le tocaba una cantidad de kilometraje de negativo que provocó las varias versiones de la película, pues cada país involucrado quería recuperar la inversión, cuando la relación de entre Welles y Dolivet estalló.

Por lo menos de cinco versiones partió Stefan Drössler cuando comenzó a reeditar la esperada versión del director para Criterion Collection (conseguible en DVD). España, Alemania, Inglaterra, Francia y Grecia tenía cada uno su propio Mr. Arkadin, entendida a su manera, en algunos casos doblada a su entero gusto, en un caso convertida en un caos incomprensible (la versión de Corinto, la griega era así, y no obstante ésa fue la base de la nueva reconstrucción, pues en ella se hallaban las piezas secuenciales más radicales escritas por Welles: la secuencia del hígado de ganso en Navidad, el encuentro con la dama mexicana y su esposo, el general) y a partir de ellas, tomando como punto de partida el guión y la versión novelizada por el propio Dolivet y a costa de Orson, Drössler y un equipo de cinéfilos armaron un rompecabezas que nos trae un sueño de Welles, un acercamiento a la versión que él hubiera querido presentar al público, una más interesante, donde la traición (la tesis de la película) se vive de manera metafórica, interna si se quiere, y el drama entre padre e hija es más intenso, pues el final lo es, y siempre fue, todo.

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